LOPE DE VEGA Y CARPIO

“Yo nací en dos extremos, que son amar y aborrecer” y “los frenos son para los caballos”: son las dos citas con las que Lope de Vega define su actitud ante la vida. Vivió la suya en consonancia y por ello resulta hoy apasionante.

Si a esa actitud vital le añadimos una hiperactividad que excede todo lo inimaginable, y todo ello lo sazonamos con una buena dosis de genialidad, solo podemos obtener como resultado un personaje que se resiste a toda comparación. Ese es Lope

Sus obras literarias modernizaron el teatro universal hasta cambiarlo para siempre. Fue tan prolífico que se ha puesto en duda que en el transcurso de una sola vida un humano pudiera crear tanto y tan bien. Pero lo hizo. Lo logró combinando su increíble facilidad para escribir con una desmesurada capacidad de trabajo.

Pero cuando se conoce su vida nos fascina incluso más que su obra. Una vida que, si fuera el argumento de una de sus obras de teatro, nos parecería exagerada y falsa. Pero la vivió. Lo logró dejándose arrastrar por sus sentimientos y por su genialidad, combinada con su don de gentes.

En el momento vital que aquí relatamos ya ha dirigido su existencia hacia la búsqueda de Dios con una espiritualidad muy personal y propia de su época; pero no había podido desembarazarse de la gran sensualidad o sexualidad, usemos el término que prefiramos, que poseía -y le poseyó- toda su vida. Esta pelea interna, que se recrudece en sus años de madurez, nos da también la medida de la complejidad de Lope y el interés que genera. Su lucha interior alcanza el cenit con la aparición de Marta de Nevares.

Lope poseía un gran conocimiento de las relaciones humanas. Principalmente entre hombres y mujeres. Conocimiento que usó en sus obras teatrales y fueron, y aún son, la clave de su éxito. En esta su madurez, las experiencias adquiridas le convierten en un hombre sabio, que, además, sabe serlo en sus escritos: tanto en sus obras como en sus cartas. Aunque parte de su saber sobre estas relaciones se basa en usos y códigos propios del siglo que le tocó vivir, en muchos casos siguen siendo verdades universales que sobreviven a los siglos.

De este sacerdote cincuentón, consumido por el deseo carnal, que nunca renegó de sus actos y que afrontó tranquilamente sus consecuencias, capaz de escribir versos sublimes, muchos de ellos autobiográficos, han persistido en el tiempo sus obras y el recuerdo de su vida transcurridos ya 400 años.